lunes, 13 de noviembre de 2017

Líneas generales de actuación - Antonio Ávila Blanco

















Tenemos una religiosidad con más actos de piedad que una religiosidad de proyecto, necesitamos una catequesis de engendramiento: catequistas discípulos-misioneros. Aquel que vive disimuladamente, antes o después, contagia el discipulado como aquel que tiene la gripe y contagia el virus de la gripe. A veces lo que nos llega a nuestras catequesis no es cristiano, por eso tenemos que partir desde la evangelización para lograr cristianos adultos, que acojan la vida de los catecúmenos. 

Esta catequesis habrá de ser integral (cognitiva, emocional, experiencial, etc), que incida en todas las dimensiones. En este sentido conviene caer en la cuenta en la madurez humana. La catequesis no puede ser meramente nacional, cognitiva, hay algo previo que es la experiencia personal y el encuentro personal, que incide en la vida afectiva y en la dimensión racional también: "tengo que aprender a estar en silencio", "Señor, Tú me sondeas y me conoces" (Sal 139), "¿qué es orar?", etc. Necesitamos trabajar las actitudes y las conductas; mal cristiano es aquel que no tiene claro lo que está bien y lo que está mal, pero también mal cristiano es aquel que no tiene proyecto en su vida, que esté perfectamente articulado. Nuestra catequesis se la juega no tanto en los ámbitos eclesiásticos, sino en si se articula en tantos aspectos que rodean nuestra vida humana: política, social, cuidado del planeta, etc. 

Una catequesis para la vida y no para engordar las partes de la Iglesia. 

Estamos para vivir en un mundo no necesariamente cristiano. En el mejor de los casos podemos vivir en una sociedad con muchos valores cristianos, pero poco más. Hay más valores anticristianos que consumimos muy sutilmente: el tener, el aparentar, etc. Necesitamos ser cristianos que vivan a la intemperie, cristianos que den testimonio, intentando vivir coherentemente nuestro ser cristianos. Estamos muy contentos en nuestras iglesias y nos falta estar en los espacios públicos. 

¿Qué medios tenemos? La catequesis familiar de familias que son conscientes de su vocación cristiana laical que viven el matrimonio y viven la familia y la educación cristiana de sus hijos como el desarrollo de la educación cristiana. En este sentido sí la familia tiene identidad de una Iglesia doméstica. Nuestras catequesis, muchas veces, son acompañamiento a la educación cristiana de las familias. En esto tenemos muchos medios. Hay un primer momento en este quehacer de las familias con respecto de los niños que es el despertar religioso. Hay muchas familias que nos dicen: "no sé cómo incidir en el despertar religioso". Tenemos a las familias muy desasistidas, desde el bautismo a la catequesis de comunión. Hay un momento oportuno para encontrarse y es la fiesta de las Candelas, con las que se puede celebrar la renovación del Bautismo. Los catequistas tienen que "trabajar" tanto con los niños como con los padres, y la parroquia tiene que ser la matriz que acoge todo esto. 

Recuperación de las familias para la comunidad local, para nuestra Iglesia: "entrar con la suya, para salir con la nuestra". Si no lo intentamos no lo conseguiremos. Intentar que la catequesis de iniciación a los sacramentos no sea solo un "hay que hacer, hay que hacer..." sino invertir más en la acogida y en la escucha. Serán necesarios los "volantes de bautismo", pero hacer consciente a la familia que no estamos para la mera recepción de sacramentos sino la madurez de la fe, claramente una fe comprometida. Se habla de una catequesis muy organizada, con motivo de la catequesis de Iniciación cristiana, lo que llama a nuestras puertas es una fe muy débil o algunos restos de costumbres cristianos. El Papa Francisco propone en Evangelii Gaudium es que lo que las familias encuentren sea un lugar de acogida, un espacio de evangelización previa a la catequesis, la catequesis no es una transmisión de conocimientos, una catequesis de engendramiento más pensada en adultos: proponerles, acogerles, etc. por eso la propuesta tiene que ser más generalizada. Los niños son capaces de experiencia cristiana. 

Desde aquí tendremos que pensar: ¿quiénes son los catequistas? Nuestros cristianos no pueden ser solo gente de sacristía sino padres y madres de familia, con experiencia cristiana, engendrados en la fe y probados en la vida, dispuestos a trabajar no solo con los niños sino en el ámbito familiar. 

Uno de los lugares más específicos de evangelización es en las familias con dificultades. 

Iniciación a la inteligencia espiritual junto a otro proceso paralelo, que ha desarrollarse mucho, especialmente en los adultos, y es el proceso de conversión y de recuperación de la vida cristiana. 

Acompañar procesos desde la experiencia del Dios de la ternura y de la delicadeza. 

Los materiales deberían responder a las necesidades de la familia hoy. Necesitamos materiales catequéticos que acompañen el proceso catequético y no solo la dimensión doctrinal. Realmente la fe se transmite por contagio. Necesitamos apostar por los catequistas y su formación, es más rentabilizador. El futuro está en los niños y la experiencia está en los mayores. Hoy en día la transmisión de la fe está en manos de los ancianos y no es una fe despreciable ni mucho menos, ahora hay que enseñar a que esos catequistas a ser buenos catequistas. Claro, el modelo de la catequesis no será la escuela. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario